Cuando el deporte es dar Correr para mejorar el medio ambiente

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En  el proyecto “Zapatillas Verdes” recolectan botellas de plástico que luego se entregan para reciclaje.

Parte del equipo de FC Max con botellas recolectadas. María José aparece a la derecha.

Correr es para muchos amantes del running no solo una forma de ejercitar el cuerpo sino también un momento de inspiración. Así lo cree María José Rutilo, quien desde hace 13 años se dedica a la actividad. Fue precisamente mientras sumaba kilómetros y kilómetros que comenzaron a fluir en su mente las ideas de cómo hacer, a través del deporte, algo por el medio ambiente. Ideas que luego mutaron en“Zapatillas Verdes-Corremos Por El Planeta”, un proyecto que desde noviembre de 2012 colabora en cuidar los espacios verdes, promover el reciclaje y ayudar a los recolectores. ¿Cómo? Juntando botellas de plástico, un total de cuatro toneladas hasta ahora.

María José advirtió que a pesar de sus múltiples beneficios, el running muchas veces dejaba un saldo negativo para el medio ambiente. “Está buenísimo que haya un auge de esta actividad, pero la realidad es que los corredores usamos mucho plástico, de botellas de agua u otras bebidas o geles energéticos y se suele generar mucha suciedad”, analiza Rutilo para Clarín, a la vez que desafía: “fijate cómo queda el camino después de un maratón”. Fue a partir de esta observación que pensó que, desde su lugar, podía contribuir para torcer esta realidad.

Así, Rutilo compartió con sus compañeros del equipo FC Max la inquietud y brindó charlas tendientes a concientizar. “Creo que el running tiene mucho que ver con el medio ambiente”, dice. Además de apasionarla el tema, lo había abordado de cerca cuando trabajó en el área de prensa del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires, por entonces a cargo de Diego Santilli.

La consigna fue sencilla, pero efectiva: en lugar de tirar botellas en el camino, incentivó a los corredores del equipo a llevar las mismas para reciclar y, a la vez, juntar las que encontraran de camino durante sus entrenamientos. Rutilo y sus compañeros consiguieron un piletón para recolectar las botellas y lo ubicaron en medio del Parque 3 de Febrero, donde se entrena el equipo. También se contactaron con Sergio Sánchez, líder de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros para entregarles el plástico que se traduce en ingresos para los autodenominados “recolectores urbanos”. “Los cartoneros desarrollan una profesión muchas veces olvidada por parte de la sociedad. Se piensa que son gente que ensucia, que revuelve la basura, pero en realidad es su trabajo buscar material reciclable y venderlo”, reflexiona María José. Otra forma de ayudar con las botellas fue, en un momento, entregarlas al Banco de Bosques.

Rutilo cuenta que ahora muchos de sus compañeros van a entrenarse “llevando botellas desde su casa” para contribuir en esta tarea. Ella lleva la cuenta de lo que juntan entre todos: en total ya suman cuatro toneladas de botellas de PET, un material que tarda un siglo en degradarse.

El deseo de hacer crecer la ayuda

Los integrantes de este proyecto ambiental son de esa clase de personas que dejan su huella por donde pasan. “En vez de quejarme me gusta hacer”, describe Rutilo, quien ambiciona continuar con las ayudas. “Quisiera replicar lo de las botellitas en teams de running en todo el país. Si todos reciclaran solo plástico sería algo muy importante”, describe sobre su objetivo, para el cual aspira a conseguir sponsors que ayuden en la logística que implica reproducir la tarea en todo el país.

También anhela poder ayudar a concientizar sobre la importancia de dividir residuos y “contagiar las ganas de cuidar el lugar por el cual uno pasa”. A la vez, cuenta que para octubre, cuando correrá entre Mar Chiquita y Pinamar, quisiera “cambiar esos 90 kilómetros por ayudas para otros, tanto alimento para comedores, desfibriladores o metros cuadrados en banco de bosques”. Una práctica que crece en el mundo del running.

Su participación en ultramaratones llevó a Rutilo por distintos rincones del mundo, como Nueva York, Berlín o España. Y en la comparación con estos lugares, cree que en Argentina, todavía falta iniciativa: “tendríamos que ser conscientes y pensar que el destino de cada botellita que abrimos debiera ser una campana de reciclaje”. Por eso, confiesas sus deseos: “Ojalá siga creciendo el running pero al mismo tiempo que la gente se concientice del problema ambiental”.